Pese a ser una compañía británica, la Amicus Productions en realidad fue fundada por dos norteamericanos llamados Max J. Rosenberg y Milton Subotsky, quienes vieron una oportunidad en el mercado cinematográfico inglés, debido al bajo costo de los impuestos en dicho país, cosa que ya había atraído a directores como Stanley Kubrick y a los productores de las cintas de James Bond. Subotsky, que era un verdadero fanático de las cintas de terror, estaba obsesionado con vengarse de los ejecutivos de la  Hammer Films, luego que el estudio rechazara un guion de su autoría titulado “Frankenstein and the Monster”, para tan solo un año más tarde, obtener un éxito inusitado con “The Curse of Frankenstein” (1957). Tras haber lanzado dos comedias musicales sin mayor éxito, Rosenberg y Subotsky se embarcaron en un proyecto que eventualmente se convertiría en “Dr. Terror´s House of Horrors” (1965), el cual se alimentaba de la estética y las temáticas presentes en las producciones de la Hammer, y que sería el punto de partida de la rivalidad comercial entre ambas productoras. Inspirado en el clásico de los Estudios Ealing, “Dead of Night” (1945), Subotsky escribió un guion que presentaba cinco historias cortas que reflejaban los arquetipos del género del horror que más le llamaban la atención. Lamentablemente, su marcado entusiasmo no necesariamente estaba a la par con su talento como guionista. Según el director Freddie Francis, no le quedó más remedio que reescribir parte del guion a medida que iban filmado la cinta, ya que en variadas ocasiones descubrió que los escritos de Subotsky carecían por completo de lógica.

En “Dr. Terror´s House of Horrors”, seis hombres viajan en un vagón de tren. Uno de ellos es el Doctor Schreck (Peter Cushing), quien por medio del Tarot adivinará el porvenir de los otros cinco, solo para revelar que sus historias están relacionadas con el terror y la muerte. En el primer segmento titulado “Werewolf”, un arquitecto llamado Jim Dawson (Neil McCallum) regresa a la antigua casa familiar ubicada en una remota isla escocesa, para realizar algunas remodelaciones a petición de su nueva dueña, una mujer llamada Dierdre Biddulph (Ursula Howells). Para su sorpresa, una vez que llega al lugar, es testigo de una serie de extraños acontecimientos que lo llevan a descubrir el oscuro secreto de sus antepasados, y a enfrentarse a la letal amenaza que vive en el sótano de la vieja casona. Aun cuando el segmento presenta un final bastante predecible, tiene la virtud de contar con una atractiva y escalofriante ambientación gótica, que se contrasta con los escenarios urbanos presentes en el resto de los relatos, y con un guion competente que es narrado con dinamismo por parte del director, quien además optimiza los pocos recursos disponibles en favor de la historia. En el segundo segmento titulado “Creeping Vine”, Bill Rogers (Alan Freeman), su esposa Ann (Ann Bell) y su hija Carol (Phoebe Nicholls), regresan a su casa luego de unas breves vacaciones, para encontrarse con que una extraña enredadera está creciendo en su jardín, la cual aparentemente no solo es inteligente, sino que también homicida. Esta historia es claramente una de las más débiles de todo el film, no solo por lo ridículo de su premisa y lo irrisorio de algunos diálogos, sino porque además ninguno de los actores participantes con la excepción de Bernard Lee, quien interpreta a un científico del gobierno, logra otorgarle cierta verosimilitud a un relato que cae inexorablemente en la comedia involuntaria.

 

En la tercera historia titulada “Voodoo”, Biff Bailey (Roy Castle) es un músico de jazz que se encuentra trabajando en Jamaica, cuando decide plagiar una melodía utilizada en una ceremonia vudú, con la intención de utilizarla en su nuevo espectáculo. Lamentablemente para él, una vez que regresa a Londres comienzan a suceder una serie de extraños acontecimientos, que parecen tener relación con el plagio que ha cometido. Debido al abuso de la comedia slapstick, al pobre ritmo narrativo que presenta, y a su olvidable clímax, este segmento es sin lugar a dudas el peor del film. Para colmo, la continua presentación de la gente de color y su cultura como algo peligroso y misterioso, fue ampliamente criticada en su momento por su supuesto trasfondo racista. En la cuarto segmento titulado “Disembodied Hand”, Franklyn Marsh (Christopher Lee) es un pomposo crítico de arte que estalla en ira luego de ser públicamente humillado por Eric Landor (Michael Gough), un artista cuyo trabajo ha sido despreciado en múltiples ocasiones por el crítico. La situación lleva a Marsh al extremo de atropellar al artista, cortando su mano en el proceso. Aunque su némesis parece haberse ido para siempre, la mano de Landor regresará para atormentar al engreído crítico. Pese a que posee una premisa claramente inverosímil y algo ridícula, este segmento es recordado como el mejor del film, no solo por la estupenda actuación de Lee y Gough, sino que además por el interesante duelo en el que se ven enfrascados los dos protagonistas, y por el estupendo ritmo narrativo que Francis le imprime a un relato poseedor de algunas sorprendentes vueltas de tuerca.

La quinta y última historia titulada “Vampire”, tiene como protagonista al Dr. Bob Carroll (Donald Sutherland), quien está de regreso en su pueblo natal con Nicole (Jennifer Jayne), una chica francesa con la que recientemente ha contraído matrimonio. Cuando descubre que un vampiro ha estado aterrando a locales, Carroll le pide ayuda a su colega, el Dr. Blake (Max Adrian), para localizar al culpable. Sin embargo, cuando la investigación indica a Nicole como la responsable de los crímenes, Carroll deberá pensar que hacer para solucionar el problema que tiene entre manos. Este segmento resulta satisfactorio por múltiples motivos, entre los que se encuentran su particular atmósfera, el estupendo trabajo interpretativo de sus protagonistas, y su sorpresiva vuelta de tuerca final. Quizás lo único criticable de “Vampire”, es lo improvisadas que parecen algunas escenas, cosa que no debiese resultar extraño considerando los dichos de Francis con respecto a la confección del guion final. Una vez que el Doctor Schreck termina de leerles el tarot a sus compañeros de viaje, procede a revelar su verdadera identidad junto con el destino hacia donde se dirigen los incautos protagonistas.


Gracias a que las cintas de la Amicus eran rodadas en tan solo unos pocos días, las producciones del estudio pudieron contar con una gama de actores sumamente populares, sin la necesidad de manejar altísimos presupuestos. Ese es precisamente el caso de “Dr. Terror´s House of Horrors”, película la cual no solo cuenta con actores de la talla de Peter Cushing y Christopher Lee, quienes estaban en el pináculo de sus carreras, sino que además con actores como Donald Sutherland, quien por ese entonces se encontraba en la cima del estrellato. Aunque la participación de personajes como Alan Freeman, quien en realidad no era actor sino que se desempeñaba como locutor radial, puede parecer algo extraña en la actualidad, hay que entender que en aquella época él era una figura sumamente popular en Gran Bretaña, por lo que su inclusión obedece a un tema meramente comercial. En cuanto al aspecto técnico de la producción, esta cuenta con el estupendo trabajo de fotografía de Alan Hume, la atmosférica banda sonora de la compositora Elisabeth Lutyens, y el maravilloso diseño de producción de Bill Constable, quien gracias a su trabajo en este film, demostró ser un profesional extremadamente pragmático, capaz de crear sets increíblemente atractivos sin la necesidad de contar con un gran presupuesto.

Lo que podría haber sido una gran cinta de antologías de terror, en la tradición de la ya mencionada “Dead of Night”, termina presentándose como un compilado de clichés del género del horror, que rehuyen a cualquier tipo de reinvención por mínima que esta sea. Cabe mencionar que inicialmente estas historias fueron escritas por Subotsky, con la intención de que formaran parte de una serie de televisión que nunca vio la luz, probablemente por lo pobres que resultaron ser los guiones originales. Esto hace aún más destacable el trabajo de Freddie Francis, quien no se conformó solo con crear un apartado visual atrayente complementado con una atmósfera efectista, sino que además se preocupó de imprimirle un ritmo narrativo dinámico a cada una de las historias, con la esperanza de poder enmascarar algunas de sus falencias estructurales. Hoy en día, “Dr. Terror´s House of Horrors” es recordada como uno de los buenos exponentes de la era dorada del cine de terror británico, cuyo indiscutible éxito comercial fue conseguido mediante la explotación de un terror más psicológico que visceral.

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