A principios de la década del setenta la situación financiera de la productora británica Hammer Films se encontraba en su punto más álgido, debido principalmente al cambio cultural que estaba experimentando la sociedad alrededor del mundo, y a la fuerza con la que la industria cinematográfica italiana había irrumpido en el género del horror con una serie de producciones enmarcadas dentro del subgénero del giallo. El cine horror gótico que le otorgó una enorme notoriedad a la productora durante la década del sesenta, para ese entonces estaba intentando sobrevivir a base de escenas de desnudos y un ligero acercamiento a temáticas como el lesbianismo. Tras el éxito en los Estados Unidos de la cinta “Count Yorga, Vampire” (1970) del director Bob Kelljan, que relataba las andanzas de un vampiro moderno en el Sur de California, los ejecutivos de los Estudios Warner Brothers le encargaron a la Hammer la producción de dos películas que situaran a Drácula en la actualidad, para así capturar la atención de un público más joven que era el que estaba llenando las salas de cine en aquel entonces. Fue a raíz de esto que el productor y guionista Anthony Hinds desarrolló una idea que situaba al Conde Drácula en el Londres de los años setenta, la cual sería trasladada por Don Houghton a un guion cuyo título provisorio sería “Dracula Today”.

Para alegría de los ejecutivos de los Estudios Warner, la cinta pretendía reunir al Van Helsing de Peter Cushing con el Drácula de Christopher Lee por primera vez desde su participación en “Horror of Dracula” (1958). Aunque Cushing en un principio mostró algunas reservas con la idea de situar la acción en un escenario contemporáneo, eventualmente agradeció la oportunidad de trabajar en la producción; “Mientras estas películas hagan dinero… siempre voy a hacerlas,” diría Cushing durante el rodaje. Christopher Lee en cambio, pensaba que la película estaba destinada al fracaso. El actor se mostró horrorizado por el guion, por lo que a Sir James Carreras, presidente de la Hammer Films en aquel entonces, no lo quedó otra opción más que aumentar el salario del actor con tal de retenerlo. Tras aceptar participar en la producción, Lee en repetidas ocasiones expresó la molestia que le producían ciertas líneas de diálogo que buscaban retratar a su personaje como si se tratara del mismísimo Diablo, como por ejemplo: “Siempre he estado aquí. Siempre… desde el inicio de los tiempos. Desde que los ángeles rebeldes descendieron al Infierno. Desde que la oscuridad siguió a la luz… ¡Soy Drácula, el Señor de las Tinieblas, el Maestro de los Muertos Vivientes! ¡Soy la maldición, la destrucción, el ángel de las furias destructoras! ¡Soy el Apocalipsis!”

La historia de “Dracula A. D. 1972” (1972) comienza en el año 1872, en Hyde Park, donde el Profesor Lawrence Van Helsing (Peter Cushing) tras asesinar a su viejo adversario, el Conde Drácula (Christopher Lee), fallece debido al esfuerzo realizado en su combate contra el vampiro. Durante el funeral de Van Helsing, quien es sepultado en la Iglesia de San Bartolomé, uno de los discípulos de Drácula entierra las cenizas de su maestro en las cercanías del lugar. Cien años más tarde, un muchacho llamado Johnny Alucard (Christopher Neame) invita a un grupo de jóvenes a participar en una misa negra, la cual será llevada a cabo en la ahora abandonada Iglesia de San Bartolomé. Entre ellos se encuentra Jessica Van Helsing (Stephanie Beacham), quien junto a algunos de sus amigos huye despavorida una vez que presencia la resurrección del Conde Drácula, quien de inmediato cobra una víctima para saciar una sed de sangre que ha perdurado durante un siglo. Cuando el número de personas asesinadas en extrañas circunstancias comienza a aumentar drásticamente, el desconcertado Inspector Murray (Michael Coles) decide pedirle ayuda al experto en ciencias ocultas Lorrimer Van Helsing (Peter Cushing), quien rápidamente asocia los crímenes a la figura de un vampiro. Consciente del peligro que se cierne sobre ellos, Lorrimer hará todo lo posible por detener a Drácula antes de que este acabe por completo con cualquier vestigio de la familia Van Helsing.


A diferencia de “Count Yorga, Vampire” que triunfaba a la hora de trasladar la figura del vampiro a un escenario moderno, “Dracula A. D. 1972” al intentar conservar ciertos elementos presentes en gran parte de las producciones de horror gótico realizadas por la Hammer, adolece de la capacidad adaptativa necesaria para desarrollar una historia contemporánea que resulte creíble o que al menos no caiga en los terrenos de la parodia involuntaria. La mayoría de las escenas que están concentradas al inicio del film y que muestran a los protagonistas disfrutando de la revolución cultural londinense, dificultan que el espectador empatice con ellos ya que son retratados como personajes temerarios y algo estúpidos. Lo que es aún peor, es que el ritual satánico comandado por Johnny Alucard, el cual se supone que busca replicar el tono existente en las viejas películas de Drácula, se ve increíblemente fuera de lugar debido a la vestimenta de los participantes y a los diálogos tan propios de la época. Sin embargo, bajo el evidente desprecio por el Londres de los setenta que exuda el guion de Don Houghton, se esconden algunas escenas efectivas como por ejemplo aquella en la que Jessica Van Helsing está a punto de ser atacada por dos vampiros, en la que se mezcla la pavorosa música disco con un escenario marcado por la presencia de luces de neón, lo que provoca que una escena familiar se convierta en algo fresco y escalofriante.  

Peter Cushing es quien probablemente tiene el rol más interesante del film como el descendiente del profesor Van Helsing original, quien a diferencia de su heroico predecesor es retratado más como un erudito de lo oculto. Desde su estudio repleto de libros antiguos acerca del vampirismo, Van Helsing aconseja con aplomo al Inspector Murray quien pretende dar con el responsable de los horribles asesinatos que han estado aterrando a la población de Londres en el último tiempo. Lo que resulta increíble es el hecho que la policía esté dispuesta a tomar la palabra de Van Helsing como una verdad absoluta pese a lo particular de su discurso, cuando él se involucra en la investigación de los crímenes. Algo que también resulta curioso es la inclusión de una escena en la que aparece la banda norteamericana Stoneground interpretando dos canciones ante un grupo de enloquecidos “jóvenes”, la cual no aporta en absolutamente nada a la producción. Originalmente, Houghton había escrito esa escena con la intención de que participara la banda de Rod Stewart, The Faces, quienes ese mismo año obtendrían un gran éxito comercial con su álbum debut. Sin embargo, la compañía Kinney National Service Corporation, que en ese entonces había tomado el control de la distribuidora Warner Bros, finalmente contrató a la desconocida banda de San Francisco liderada por Sal Valentino, pensando que su participación atraería a un mayor número espectadores jóvenes a las salas de cine. 


El elenco de “Dracula A. D. 1972” juega un papel importante a la hora de compensar algunos de los problemas que presenta el guion. Al igual que Cushing, Christopher Lee realiza una gran labor interpretando a Drácula, dominando cada una de las escenas donde aparece, haciendo olvidar su opaca participación en el film “Scars of Dracula” (1970). Por su parte, la Jessica Van Helsing de Stephanie Beacham presenta un interesante cambio en su carácter cuando comienza a acercarse a su abuelo a medida que la cinta progresa. Caroline Munro, quien alcanzó cierta notoriedad en la última etapa de las producciones de la Hammer, aun cuando su actuación como una de las desventuradas amigas de Jessica es bastante irregular, brilla gracias a su innegable atractivo físico y a su participación en una de las escenas más memorables de la película, en la que es bañada en sangre durante la misa negra presidida por Alucard, como parte del ritual que busca regresar a la vida a Drácula. Por último, Christopher Neame es quien más cómodo se ve en el escenario diseñado por Don Houghton y el director Alan Gibson. Tanto por su apariencia como por su actitud, Johnny Alucard se asemeja bastante a Alex, el protagonista del film de Stanley Kubrick “A Clockwork Orange” (1971), lo que le otorga un atractivo especial al fiel seguidor del vampiro. Neame entrega una interpretación escalofriante que es coronada con la climática escena en la cual se enfrenta a Lorrimer Van Helsing, la cual está sorprendentemente bien coreografiada.

En lo que al aspecto técnico del film se refiere, este cuenta con el buen trabajo de fotografía de Dick Bush, quien se preocupa de que cada una de las escenas donde aparece Drácula exuden un innegable atractivo visual, que permite reforzar la idea que se trata de un ser cuyo poder es inconmensurable. En la vereda contraría se encuentra la banda sonora compuesta por Michael Vickers, la cual pese a estar constituida por una serie de interesantes piezas musicales, en determinados momentos quiebra la atmósfera que Alan Gibson intenta construir. Los ejecutivos de los Estudios Warner estaban tan convencidos que la cinta tendría éxito, que previo al estreno de “Dracula A. D. 1972” dispusieron de todos los elementos necesarios para rodar una secuela con la intención de que fuese dirigida por Terence Fisher. Lamentablemente cuando la película resultó ser un fracaso de taquilla, la Warner rápidamente abandonó el proyecto. El dinero invertido por la compañía norteamericana eventualmente sería utilizado en la realización del film “The Satanic Rites of Dracula” (1973), en el cual también participaría Peter Cushing, Christopher Lee, Don Houghton y Alan Gibson. Si el espectador logra aceptar el concepto que le da vida a la película y disminuye sus expectativas al mínimo, “Dracula A. D. 1972” resulta ser una cinta bastante disfrutable que retrata de manera colorida un determinado momento cultural, todo esto enmarcado dentro del inconfundible canon de las producciones de la Hammer.

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